O libro de las emoções
Un libro para niños, compuesto por varias historias, cada una dedicada a una emoción: añoranza, alegría, asco, ira, tristeza, vergüenza, frustración y miedo. A través de las aventuras de personajes como la Princesa Clara, la Abeja Bia, la Libélula Aurora, el Caimán sin pie, la Mariposa Carrapeta y Julio Tulio, aprendemos a identificar las diversas emociones y a lidiar con ellas. También es una guía para padres, profesores y clínicos, elaborada por especialistas, que ofrece diversas pistas para orientar mejor a niños y jóvenes.
Alegría. «Se despertó de buen humor. Hacía mucho tiempo que no se sentía así. Todo parecía bonito ese día. El sol brillaba aún más. La brisa era más fresca. Los gorriones cantaban con especial afinidad. Estaba disfrutando de todo ello».
Frustración. «Pequeña Clara, entiendo perfectamente que te sientas así. Me alegro de que no me ocultes lo que sientes. Es bueno compartir con los demás lo que nos hace sentir decepcionados para que nos entiendan y nos ayuden, si pueden».
Miedo. «Cuando quería salir de mi escondite, miraba hacia el lugar al que quería ir, me envolvía en un alga verde y corría con los ojos cerrados sin parar. A veces conseguía llegar a mi destino y volver a esconderme, pero otras veces chocaba contra cosas o me llevaban otros animales que no se daban cuenta de mi disfraz de alga».
Ira. «Entiendo muy bien lo que sientes… A veces vuelo y hay bandadas de pájaros que me atropellan por ser más pequeña. Incluso llegué a romperme un ala y también sentí ira».
Asco. «Sé muy bien que el asco te da seguridad y te protege de muchas cosas, pero también te impide descubrir muchas cosas que te gustarían y estar más con los demás, ¿no es así?».
Nostalgia. «Si al menos les hubiera dicho a aquellos a quienes más quería lo mucho que los quería, quizá ahora no me dolería tanto ni sentiría tanta nostalgia».
Tristeza. «Si Dios me dio alas y puedo sobrevolar prados y montañas, volaré hasta alcanzar las lágrimas de la pobre Liebre».
Vergüenza. «No es tristeza… es ¡una gran vergüenza! No quiero ir a la fiesta del Día de los Abuelos. Allí estarán mis compañeros de la infancia y seguro que se burlarán de mí por tener una pata lisiada. Siempre lo hacían en la escuela y sé que lo harán en la fiesta».